Hace unas semanas se murió Diego Puerta, uno de los toreros más valientes de la historia, que compartió aquel afamado cartel con El Viti y Paco Camino, mientras El Cordobés se dedicaba a revolucionar la fiesta con sus ovacionados saltos de la rana. Quien toreó, quien lo hizo de verdad, fue Camino, fue El Viti, fue Ordóñez y también fue Diego Puerta, Diego Valor. Su toreo no fue exquisito, pero trataba de ajustarse a los cánones de la tauromaquia más pura.Se murió Puerta y, sin embargo, los medios de comunicación lo pasaron por alto. Apenas se habló de su muerte, como si se hubiese marchado un torero modesto oculto en mitad del escalafón. Una injusticia que demuestra la ignorancia e insensibilidad por parte de los dirigentes de una gran parte de la prensa, capaz de dedicar multitud de hojas y minutos a Belén Esteban o al último y trascendental entrenamiento del tercer equipo del Barcelona...
Las personas que han pasado por la vida dejando la huella de Diego Puerta, a quien tuve la suerte de conocer en un curso de verano en Aguadulce en los años noventa, deben ser recordadas como merecen. De manera que, si no lo hacen los medios, que no creo, sí deberían ser los propios profesionales quienes homenajeen con un acto singular a Diego Puerta. Se repararía un olvido absolutamente injusto.