Perdemos las mejores oportunidades. Ayer, en Barcelona, en ese volcán de encendidas pasiones que era la Monumental, al grito de libertad, libertad como en los lejanos tiempos de la dictadura, se vivió un momento histórico... que sólo vivieron veinte mil personas. Hemos perdido una ocasión fantástica, una oportunidad para demostrar al mundo a través de la ventana abierta de la televisión que la fiesta de los toros hubiese barrido cualquier índice de audiencia en una tarde en donde a tauromaquia de José Tomás y el fervor del público se elevaron a cotas casi insuperables. Porque eso es el toro: pasión, entrega, pureza.
El llamado por algunos "redentor de la fiesta" no ha sido tal, al menos para Barcelona. Al diestro madrileño, del que soy un partidario convencido cuando torea como en el trienio de los noventa -ayer toreó como entonces-, se le escapó el tren, el momento de atender la demanda de todo un país, que se hubiera sentado frente al televisor. Seis, siete, ocho millones de personas habrían visto el espectáculo. Estoy seguro. Los ingresos se hubiesen multiplicado, pero no es esto lo que me mueve a lamentarme, sino el haber perdido esa ventana, ese espacio magnífico que la fiesta de los toros necesita: los grandes acontecimientos deben ser televisados y no me vale que José Tomás aborrezca las cámaras.
La gran figura de Galapagar debería pensar en estas cosas. En las increíbles consecuencias de que millones y millones de personas -incluyamos Latinoamérica- quedaran pegados al televisor. Pero el toreo y los que mandan en el toreo están de espaldas a la realidad. José Tomás es muy grande. Sin embargo, esta vez, aunque sólo hubiese sido esta vez, tenía que haberse dejado televisar. De ese modo, el mundo entero podría haber comprobado el oprobio y el liberticidio mientras una Monumental llena hasta la bandera y entregada como nunca demostraba que en Barcelona puede haber toros si las cosas se hacen bien. De esto, de la desidia de los taurinos en relación a Cataluña, hablaré en otro post.
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26 de septiembre de 2011
2 de noviembre de 2008
Luces, sombras y penumbras (II)

Continúo con la reflexión de la temporada. Bien, para mí los triunfadores claros son El Fundi y Miguel Ángel Perera. Y pare usted de contar. Apariciones esporádicas de Enrique Ponce, El Juli o El Cid, pero sin la continuidad deseada. José Tomás es un caso aparte, porque el diestro de Galapagar lleva la guerra por su cuenta, en su particular galaxia y alejado de la batalla de las figuras. Queríamos verlo en Madrid, es cierto, pero también lo queremos ver en competencia digna y sana con los primeros espadas, en lugar de esconderse en carteles con toreros modestos, dicho sea con todos los respetos. Ya he dicho en otros posts que Tomás, a pesar del tomasismo reinante, no está en su mejor momento y que destila más temeridad que toreo. Muy lejos del José Tomás de finales de los noventa.
En relación al ganado bravo, más bien creo que se ha lidiado ganado manso en multitud de ferias. Si el año 2007 fue bueno y esperanzador para la cría del toro, este 2008 ha resultado un fiasco, un preocupante lunar que los ganaderos deberían analizar detenidamente. Sólo recuerdo la buena corrida de Victorino Martín en la feria de otoño de Madrid. Del resto, no recuerdo nada.
Y la otra gran batalla que un servidor está librando -sin mucho éxito- es la del tercio de varas: terminarán suprimiéndola por inservible y accesoria, cuando siempre ha sido el catalizador de la bravura. Yo me niego a que desaparezca, me niego a que se cercene un capítulo esencial de la tauromaquia.
Por otro lado, me alegro de la existencia de los blogs, a los que me he sumado recientemente. Hoy día son aire fresco de libertad dentro de un periodismo taurino viciado por diferentes motivos. Ya no hay sobre, pero sí invitaciones a ganaderías, amistades con los toreros, anuncios de espadas en las revistas taurinas, etc. Entiendo también que es complicado hacer un programa de televisión o de radio, o una revista siendo más o menos crítico con los protagonistas del espectáculo. Pero de ahí al periodismo panfletario que practican algunos media un abismo. Echo de menos a los periodistas comedidos, pero independientes y libres.
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